Acompañamiento en la etapa perinatal y en el post-parto

Entre un 10% y un 20% de las mujeres sufren “depresión postparto” tras dar a luz. Los síntomas depresivos en las mujeres que acaban de ser madres influyen en la manera en la que se vinculan con su bebé e impactan en el sistema de apego. Esto dependerá de la duración y la intensidad con que se manifiesten. Se trata de mamás sobrepasadas por diferentes motivos y que sufren estrés emocional tras dar a luz. Necesitan no avergonzarse por ello, no esconder su sufrimiento, sino buscar ayuda y sentirse entendidas y apoyadas por su entorno.

A nivel preventivo, es importante intervenir en esta primera etapa de vida del niño/a. Resulta muy útil organizar una red de cuidado emocional para la mamá y el bebé, con la que la mamá se sienta cómoda y respetada, no aleccionada. También analizar los factores de estrés para la mamá y el bebé y dotar a la madre de recursos emocionales que le ayuden a gestionarlos.

La crianza ¡no es tarea sencilla! Pero también es un reto apasionante en el que ayudamos a otro ser humano a crecer y en el proceso también crecemos nosotros.

En las consultas, los padres encuentran un espacio donde pueden comentar sus inquietudes, sus dudas y preocupaciones, y donde reflexionan sobre cómo resolver los retos que se les presentan en la crianza. Es un lugar dónde conectan con cómo se sienten como padres y reflexionan sobre por qué actúan de una determinada manera. La escuela de padres es un espacio dónde celebrar lo que va bien en la crianza y dónde también identificar lo que se quiere hacer de otra forma y aprender a hacerlo. El horizonte es ver a nuestro hijo/a crecer bien, y a la vez disfrutar de la paternidad y vivirla con ilusión.

Cuando los padres me consultan nunca juzgo, porque parto de la premisa de que siempre han intentado lo mejor para sus hijos. Winnicot habla de “padres suficientemente buenos”, es decir, que hacen lo mejor que pueden con lo que saben, sienten y tienen. Es difícil encontrarse con un padre que, de forma voluntaria hace daño a su hijo. De la misma forma, cuando hablan de la relación que mantuvieron con sus propios padres, vemos cómo sus progenitores hicieron las cosas lo mejor que supieron con lo que tenían y que si se equivocaron en algo seguro que fue porque no supieron hacer las cosas de otra manera.

  • Preparación para la adopción
  • Acompañamiento en la crianza
  • Dificultades específicas en la crianza

El niño/a adoptado plantea unos retos particulares en la crianza que son diferentes en la infancia y en la adolescencia. Tienen una historia previa, que a menudo es difícil, y necesitan ayuda para poder procesarla e integrarla como una etapa de su historia de vida. Además, pueden haber sufrido algún tipo de trauma que precisará ser elaborado para mitigar los efectos en su presente y en su futuro.

En la consulta ayudo al niño/a a procesar su historia y a redefinirla como una historia de resiliencia. Durante el proceso terapéutico, el papel de los padres es fundamental: el niño/a necesita tener una experiencia reparadora y que sus padres le cuiden y le ayuden en este proceso. Necesitan sentirse queridos incondicionalmente, aunque a veces se equivoquen.

  • Terrores nocturnos
  • Pesadillas
  • Sonambulismo
  • Miedos nocturnos
  • Dificultades en el inicio y mantenimiento del sueño

Las alteraciones del sueño son frecuentes en la infancia. En la mayor parte de los casos son ocasionales y son superadas sin intervención especializada. En las pesadillas o los terrores nocturnos no suelen existir problemas psicológicos asociados dado que cuando se presentan a estas edades suelen tener que ver con fases del desarrollo emocional.

Pero en ocasiones generan malestar en el niño/a y en los padres y pueden perjudicar la dinámica familiar. Se recomienda intervenir si son frecuentes y persistentes dado que pueden estar señalando la presencia de un estrés excesivo. También en aquellos casos en los que el niño/a no sabe conciliar el sueño de forma autónoma, por la inseguridad y dependencia que puede generar del adulto y las experiencias positivas que el niño/a se puede perder (dormir en casa de un amigo, excursiones…).

  • Miedos evolutivos: la oscuridad, los monstruos, la muerte, la separación de las figuras de apego…
  • Otros miedos: a los ruidos, a padecer una enfermedad, miedo a los exámenes, miedo a no ser querido y aceptado…

Aprender a diferenciar peligros reales de peligros imaginarios no es una tarea sencilla para los niños/as, dada la confusión entre ficción y realidad, propia de esta etapa evolutiva.

En la adolescencia aparecen otros miedos: miedo a no encajar, miedo a no ser aceptado por el grupo de iguales, miedo a los exámenes…

Es necesario entender cómo funciona el miedo, entender lo que nos está enseñando y sus engaños. El niño/a y el adolescente necesita afrontar sus miedos y adquirir “trucos” para sentirse capaz de hacerlo. Se trata de un aprendizaje que necesita alcanzar para tener una imagen positiva de sí mismo, para fomentar su autonomía y para su buen desarrollo emocional.

  • Traumas y heridas emocionales
  • Depresión en la infancia y la adolescencia
  • Problemas de ansiedad: fobias, preocupaciones excesivas, crisis de angustia…

Los niños/as y los adolescentes, al igual que los adultos, pueden sufrir síntomas emocionales de depresión y ansiedad, aunque en muchos casos la forma de manifestarse es diferente y tardan en identificarse. Además, cuando la situación supera los recursos emocionales del niño/a y el adolescente, y se sienten solos y en peligro, puede acabar convirtiéndose en una experiencia traumática.

Es frecuente que los episodios depresivos aparezcan en el transcurso de una separación o un duelo (separación de los padres, muerte de un abuelo, de un hermano o de uno de los padres…). También puede darse tras acontecimientos que para el adulto tienen poca importancia, como una mudanza, la muerte de un animal doméstico o el alejamiento de un amigo. La pérdida es muy frecuente, si no constante en la historia de los niños/as y adolescentes que presentan un episodio depresivo.

Los síntomas de ansiedad son más frecuentes (miedos, fobias, preocupaciones excesivas, crisis de angustia…). Si el niño/a puede hablar de ello y adquiere nuevos recursos emocionales suele superarlos con relativa facilidad. Es importante que aprenda a conocerse desde un punto de vista emocional y a verbalizar cómo se siente, que aprenda a reconocer las situaciones que le generan estrés y finalmente que pueda encontrar su valentía para afrontarlas con nuevos recursos.

Las rabietas, la desobediencia y la rebeldía son muy comunes en la infancia y la adolescencia. Son situaciones difíciles de gestionar para los padres en la crianza. En otros casos, la oposición y la irritabilidad de un niño/a puede estar enmascarando un estado depresivo o un estado de estrés, donde las alteraciones conductuales serían uno de los síntomas más visibles.

Con anterioridad a la intervención, es imprescindible explorar en profundidad que está sucediendo en la vida del niño/a, y cómo lo está viviendo. También si existen otros síntomas o problemas no identificados: un estado depresivo, dificultades de aprendizaje, un trastorno por déficit de atención e hiperactividad, dificultades en la dinámica familiar… En cada caso, la intervención terapéutica será muy diferente. La terapia siempre deberá abordar el origen del problema y no centrarse exclusivamente en el control de la conducta problema.

  • Acompañamiento en procesos de separación
  • Dificultad de relación con los iguales
  • Adolescencia y problemas de comunicación familiar

La vida tiene muchísimas cosas buenas, pero también plantea situaciones difíciles a los niños/as y adolescentes: muerte de un ser querido, conflictos con los amigos, separación de los padres, procesos de enfermedad grave, adaptación a un nuevo entorno…

Además, la etapa de la adolescencia conlleva un cambio personal y relacional que puede afectar al estado de ánimo del adolescente y a su forma de ver el mundo. Tanto el adolescente como sus padres deben adaptarse a estos cambios y mientras no lo consiguen pueden aparecer problemas en la convivencia familiar.

Para superar estas situaciones, el niño/a, el adolescente y sus familias, tendrán que crear recursos emocionales que antes no tenían. Si la situación estresante excede los recursos del niño/a y del adolescente puede convertirse en una experiencia traumática que influirá en el desarrollo de su personalidad y en su vida adulta. Sin embargo, si las situaciones difíciles se afrontan adecuadamente, se pueden convertir en oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal que formarán parte de las historias de vida de cada niño/a.

> El acompañamiento en procesos de separación:

La separación de los padres es un proceso doloroso para las familias, pero no tiene por qué convertirse en un hecho traumático para los hijos/as. Entre otros aspectos, la forma en que se afronte este proceso y cómo comuniquen los padres a sus hijos/as que se van a separar, influirá en la adaptación de los hijos/as a la separación y a su nueva realidad.

En muchos casos, es útil que los niños/as tengan un espacio terapéutico donde puedan expresar con libertad sus miedos, sin preocuparse de cómo les afectará a sus padres escucharlos. Muchas veces, los niños/as no le cuentan a sus padres cómo se sienten porque les preocupa hacerles daño o provocar un conflicto con e otro cónyuge.

A su vez, los padres están inmersos en su propio proceso de dolor, por lo que también se pueden beneficiar de tener un espacio para comentar sus dudas y preocupaciones y para pensar en la mejor forma de acompañar a sus hijos en este proceso. Todos necesitamos apoyo en un momento dado.

  • Valoración del motivo de las dificultades escolares
  • Valoraciones cognitivas
  • Intervención en niños con altas capacidades

Cuando un niño/a tiene dificultades para seguir el ritmo escolar, también puede verse afectada su autoestima y su estado emocional. Además, en muchos casos también influye en la relación que mantiene con sus padres y con su colegio.

Creo que es importantísimo realizar una valoración global del motivo de las dificultades escolares. Esta valoración incluirá el análisis de la historia evolutiva, una valoración cognitiva y una valoración de las habilidades de lectoescritura. Con todo ello se puede concluir el motivo de las dificultades de aprendizaje y se propondrá la intervención más adecuada en cada caso.

En cualquier caso, a nivel terapéutico también es importante cuidar el autoconcepto del niño/a. Si el niño/a entiende qué ha sucedido, conoce sus recursos y además se siente apoyado en la mejoría, siempre evolucionará mejor en todos los aspectos de su desarrollo.

> Intervención en niños/as con altas capacidades:

La primera vez que escuché hablar en profundidad de las altas capacidades me fascinó. Veo las altas capacidades como una forma diferente de ser y estar en el mundo. Llevo años estudiando, investigando y trabajando este tema. Escuchando historias de los niños/as y de sus familias, y tratando sentimientos de soledad e incomprensión que no me resultan indiferentes.

En estos casos hay una disincronía entre la capacidad cognitiva del niño/a (que está por encima de su edad cronológica) y su capacidad emocional, que habitualmente es la de su edad. De esta forma, el niño/a con altas capacidades se plantea cosas a nivel cognitivo que no siempre está preparado para gestionar emocionalmente. Por este motivo, necesita potenciar sus recursos emocionales, y sus padres también necesitan entender cómo acompañar a su hijo en este proceso.

  • Construcción de la autoestima
  • Cómo fortalecer los recursos emocionales
  • Habilidades sociales
  • Relaciones interpersonales enriquecedoras

Las consultas de psicología también pueden ser un espacio orientado al crecimiento personal. Un lugar al que acudir para potenciar la inteligencia emocional, aunque no haya ninguna dificultad importante.

La autoestima, la capacidad de gestionar las emociones y la habilidad para gestionar la relación con los demás, determinan en gran medida cómo interpretamos la realidad, cómo disfrutamos la vida y cómo aprovechamos las oportunidades que ésta nos presenta.

Creo en la idea de que es necesario tener una autoestima “suficiente” para poder sentirse aceptado y querido. A su vez, sentirse aceptado y querido es algo necesario para tener un adecuado bienestar emocional. Como tan acertadamente explica Marian Rojas, “no nos hace tanto daño las cosas que suceden, sino cómo interpretamos lo que sucede”. La autoestima es un filtro con el que interpretaremos la realidad y el “por qué” de las cosas que nos suceden. Por este motivo, que los niños/as y adolescentes puedan adquirir una autoestima “suficiente” es un factor protector muy importante para el bienestar emocional en su presente y en su futuro.